Del primer disco duro a los sistemas flash inteligentes: así ha evolucionado el almacenamiento

Los cambios recientes en los modelos de registro de los datos apuntan hacia un paradigma cambiante, en el que el aumento de la capacidad y la mejora en la velocidad son claves.

archivo

Los historiadores no se ponen de acuerdo. ¿Reunía la Biblioteca de Alejandría 40.000 rollos de manuscritos o 400.000? ¿Fue prácticamente destruida en el incendio causado por los soldados de Julio César, en el año 48 a.C. o solo se quemó un almacén y fue desapareciendo gradualmente en posteriores incidentes y saqueos? Hay pocas certezas sobre este centro de documentación, uno de los principales en su época dorada pero con presencia durante al menos seis siglos. Cerca de 600 años de saberes de los que no queda apenas constancia material. 

Si se piensa en términos de almacenamiento de la información, la evolución no ha podido ser más radical. Pergaminos, códices manuscritos, libros impresos, sistemas fonográficos o tarjetas perforadas son los eslabones de una cadena que llega, hoy en día, a los métodos actuales de registro digital. La innovación tecnológica queda de relieve a través de unos breves apuntes. 1956 es el año del lanzamiento del primer disco duro moderno, que permitía guardar hasta 4,4 MB. En los 70 aparecieron las primeras casetes, que registraban 660 kb en cada una de sus caras, y los disquetes, con una capacidad similar. Hay que avanzar hasta 1980 para superar la barrera del gigabyte. Los 90 amanecen con la aparición del CD y sus 700 Mb al servicio del consumidor.

El paso de los modelos tradicionales a los actuales

 

Estos son algunos de los grandes avances que marcan la historia del almacenamiento informático, que se puede dividir, siguiendo una propuesta del Instituto de Ingeniería Eléctrica y Electrónica, el IEEE, en cinco categorías básicas: cintas magnéticas; discos magnéticos y arrays; almacenamiento óptico y óptico magnético; 'Storage Class Memory' o SCM; y las plataformas en la nube

De estos sistemas, las cintas magnéticas tuvieron un papel más destacado en los años centrales del siglo XX, mientras que los modelos ópticos vivieron mayor desarrollo en la época del cambio de milenio. A nivel empresarial, los discos magnéticos constituyen "el componente primario en los sistemas de almacenamiento moderno", de acuerdo al IEEE. Los primeros discos duros o HDD fueron desarrollándose y combinándose según las necesidades: con el auge de los centros de datos, en los años 90, se popularizaron los 'arrays', sistemas, torres o matrices que emplean múltiples discos. 

Bajo la denominación SCM, la IEEE encuadra una serie de medios de almacenamiento no mecánicos, entre los que se encuentra la memoria flash. Esta modalidad tuvo un primer desarrollo hacia el año 2000 centrado en la electrónica de consumo, con las populares tarjetas SD. Sin embargo, en los últimos 15 años han ido ganando presencia en el mercado productos de gran capacidad, en parte combinados con las unidades de estado sólido o SSD

"Los avances en la tecnología de almacenamiento de datos han sido cruciales para la evolución de la era de la información moderna", escribía en 2014 Eric Fullerton, profesor y especialista del Center for Memory and Recording Research (CMRR) de la UC San Diego. "Las unidades de estado sólido de alta capacidad no volátiles están en el proceso de revolucionar este mundo de almacenamiento de datos", proclamaba. 

La trayectoria de las SSD hasta llegar a este punto ha sido larga. Si bien en la década de los 70 y 80 ya tenían cierto desarrollo, su elevado precio impidió su proliferación. Esto ha cambiado a lo largo de la última década, hasta el punto de que la consultora Gartner advierte en un informe de agosto de 2018 del "ascenso de SSD y la caída del HDD", que serán desplazados de casi todas las aplicaciones, excepto para el archivo. En el mercado hay también espacio para un formato híbrido, que combina ambos modelos y se define bajo las siglas SSHD.

La última gran revolución ha sido la nube. Desde que en 2006 Amazon lanzase AWS, las plataformas 'cloud', tanto públicas como privadas, se han ido consolidando como los modelos de referencia en la infraestructura TI de las organizaciones.

Hacia los sistemas empresariales actuales de almacenamiento

 

La popularización de herramientas digitales como el Internet de las Cosas, que multiplica la cantidad de información que genera cada usuario, está provocando un incremento a niveles nunca vistos del número de datos. Un informe reciente apunta a que en 2022 se moverán 4,7 zettabytes solo mediante tráfico IP, una cantidad superior a la acumulada en los 32 primeros años de existencia de internet. Y no toda la información que se crea se desplaza a través de la red o se conserva en medios digitales. Así lo indicaba un estudio publicado en 2011 en la revista Science, que cifraba el total de datos almacenados en el mundo en 2007 en 295 exabytes, de los que estaba guardado en medios tecnológicos el 94%. Esto es: en los quince años que van de 2007 a 2022, se pasará de tener almacenados 295 exabytes a mover solo mediante tráfico IP 4,7 zettabytes. Para ponerlo en perspectiva, un zettabyte son 1.000 exabytes.

"Los datos son el corazón de la disrupción digital", explican desde HPE; y dado el papel que la transformación tecnológica representa en los entornos corporativos, es fácil deducir que su correcta salvaguarda es una prioridad. La virtualización de la infraestructura y la desaparición del tradicional almacenamiento en silos está potenciando una mejora en el rendimiento y la agilidad, que se apoya en otros elementos, como la introducción de la especificación NVMe o memoria no volátil exprés, que quiere acelerar la transferencia de datos en unidades SSD. También la integración de herramientas como la inteligencia artificial está teniendo un papel clave. La aplicación de IA ayuda a automatizar la gestión de los datos, abriendo la vía hacia una administración dinámica que lleve la información al lugar óptimo para su procesamiento, desde la nube al perímetro o a entornos 'on-premise'. 

Los formatos actuales de almacenamiento conforman un escenario ágil y cambiante. En las siete décadas de sistemas informáticos, las formas de archivo han evolucionado más de lo que suponemos que la Biblioteca de Alejandría vio cambiar sus pergaminos en 600 años. Quién sabe si todo lo que se perdió en el incendio del 48 a.C. no entraría hoy en día en el sistema más básico del mercado.



Otros contenidos