El dato, activo clave en la estrategia empresarial

Las tecnologías asociadas al dato, como analítica o ‘big data’, ofrecen grandes posibilidades en el contexto de la transformación digital de las organizaciones, por lo que contar con los mecanismos para protegerlo y extraer sus beneficios es esencial.

ciudad conectada

"El recurso más valioso del mundo ya no es el petróleo, sino los datos”. Así titulaba el diario The Economist en 2017 un artículo en el que repasaba la situación de las cinco grandes compañías digitales —Alphabet, Amazon, Apple, Facebook y Microsoft—, que en una década le habían robado el sitio a las compañías de la industria energética como las firmas más valiosas del mundo. Este paralelismo ha sido repetido una y otra vez por los analistas económicos y tecnológicos, ya incluso desde antes: la frase “los datos son el nuevo petróleo” se atribuye al matemático Clive Humby, que creó el sistema de fidelidad de la cadena de supermercados Tesco, con fecha de 2006. 

Pero como recuerda el periodista de la BBC Amol Rajan, la comparativa no es exacta. Los datos no están limitados, como sí la producción de crudo. Su control está más diversificado, ya que aunque son las grandes corporaciones las que los guardan, en último término son los usuarios los que deciden si los comparten o no (aunque el tema de la privacidad de la información daría para otro artículo). Por último, su evolución es mucho más rápida; las empresas tecnológicas son, casi por naturaleza, innovadoras, y esto acelera el desarrollo del ecosistema de datos. 

No hay más que fijarse en la evolución del tráfico de datos para percibir que estamos ante un fenómeno masivo. El último informe Mobile Visual Networking Index (VNI) de Cisco, que analiza el periodo entre 2017 y 2022, estima que para este último año solo a través de la red móvil se moverán, a nivel global, 930 Exabytes anuales. Si se habla de todo el tráfico IP, la cantidad se multiplica por cinco: en 2022 se generarán 4,7 Zettabytes, frente a los 1,87 ZB que se preveían en 2018. Un ascenso impulsado, entre otros, por el despliegue masivo de dispositivos móviles e Internet de las Cosas o IoT, que en tres años alcanzarán los 12.000 millones, según Cisco. Es un escenario en el que el consumo propio se alterna con el corporativo: de hecho, un reciente informe de KPMG sitúa el IoT a la cabeza del top de diez tecnologías para la transformación de los negocios durante los próximos tres años.

Un recurso por explotar

El especialista en marketing Michael Palmer, vicepresidente de la estadounidense Asociación de Anunciantes Nacionales, matizaba la frase de Humby. “Los datos son iguales al crudo. Es valioso, pero si no está refinado no puede en verdad emplearse. Tiene que transformarse en gas, plástico, químicos, etc, para crear una entidad valiosa que impulse la actividad rentable; así deben desglosarse y analizarse los datos para que tengan valor". Un valor que no es tangencial: según un reciente informe de la Comisión Europea, la denominada economía del dato había contribuído un 1,85% al PIB de la Unión Europea en 2014, unos 257.000 millones de euros; para 2020, esta cantidad podría ascender hasta los 643.000 millones, el 3,17% del PIB europeo.

Pero muchas de las posibilidades de este flujo de información no están aprovechadas, tanto porque no se le extrae todas las posibilidades como porque, directamente, no se recogen los datos. Así lo ponía de manifiesto un análisis de la firma McKinsey de 2016. Los investigadores de la compañía calculaban que, aunque el 90% del total histórico de datos digitales se habían generado en los últimos dos años, solo un 1% de esos había sido analizado. Esto deja un enorme potencial por descubrir, y para las empresas, un campo de trabajo que debe ser desarrollado. Eso sí, con las herramientas adecuadas. 

Mimar el dato para extraer el máximo beneficio

En 2011 especialistas del MIT, el Instituto de Tecnología de Massachusetts, estimaban que la toma de decisiones apoyada por datos estaba asociada a un incremento en la productividad de entre el 5 y el 6% en las empresas. Es uno de los beneficios de explotar la riqueza que la información que generan los usuarios de los sistemas, sean clientes o sea la propia plantilla. Agilizar los procesos, economizar costes, presentar una oferta más personalizada o descubrir nuevos nichos de mercado son otras de las posibilidades. 

Para que el dato llegue a aportar ventajas consistentes en el negocio, hay que optimizar la recopilación, almacenamiento y procesamiento de la información; más aún en el actual contexto, con volúmenes masivos en los que resulta complicado distinguir el grano de la paja, lo que tiene valor de lo que no. Las organizaciones empiezan a ser conscientes de esto. Un reciente estudio de Forrester para SAP, realizado entre 740 empresas inmersas en procesos de transformación digital, mostraba que la gran mayoría —un 92%— tenían gran interés en las plataformas que pueden unificar los datos recopilados y utilizados por todas las tecnologías inteligentes y los procesos de negocio

Este es un enfoque asumido por una parte importante de los proveedores de servicios TI modernos. La respuesta de estas compañías al desafío del trabajo con datos pasa por la integración con otras tecnologías, como la inteligencia artificial, o el desarrollo de herramientas avanzadas. Por ejemplo, el almacenamiento inteligente con apoyo en la nube simplifica la gestión de la infraestructura y asegura que los activos estén disponibles en todo momento y desde cualquier acceso. La aplicación de análisis predictivos sobre volúmenes amplios de información incrementa la seguridad y detectan posibles problemas aún antes de que se produzcan. Se introducen también nuevos modelos, como el almacenamiento ‘memory-driven flash’, que mejora el rendimiento de las aplicaciones mediante la combinación de inteligencia de software, memoria de clase de almacenamiento (SCM) y NVM Express (NVMe): esto es, la disponibilidad se alía con la rapidez para un acceso óptimo. 

No, el dato no es el nuevo petróleo, es un petróleo infinito y al alcance de (y con posibilidades para) un público mucho más amplio. Su extracción y su proceso de refinado no son limitados ni exclusivos. Hay posibilidades y ofertas variadas como para que cada organización busque un plan que se ajuste a sus necesidades y le permita investigar cómo sacar beneficios de sus recursos. Y puede parecer un proceso engorroso, pero sus ventajas están al alcance de muchos más actores de los que llega el crudo. Es solo cuestión de prestarle la atención que se merece



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